Las circunstancias de su salida del Real Madrid no fueron
culpa de nadie. Mourinho no lo quería por preferir juventud, o sea, a Higuaín y
Benzema, y fue sincero con él y eso se agradece porque le dio la oportunidad de
que el Schalke lo trajera a jugar y así no se convirtiera en otra estrella
mundial que se quemó en el banquillo. Al contrario, verlo destrozarla en copas
europeas en los años siguientes sin el Madrid, simplemente fue hermoso.
Por otra parte solo al pensar que esa misma temporada
donde se marchó y el Madrid por necesidad (lesiones) tuvo que traer a Adebayor en
el mercado de invierno él hubiese estado para ocupar esa ausencia, se me eriza
la piel. “Raúl responde ante la adversidad y el Bernabéu se rinde a sus pies”,
genial titular de haberla partido.
El genio es homenajeado lejos de casa, aquella donde diera
tantas alegrías a fanáticos y duele, porque recuerdas el despido de uno de los
más grandes futbolistas que conoció la humanidad, Zinedine Zidane, y también se te eriza
la piel cuando se te viene a la mente esa imagen donde el estadio entero aplaudió
su retiro de pie y, de sus ojos solo salían lágrimas.
Agradecerle al Schalke por ese homenaje que le prepara a
uno de los mejores delanteros de los últimos tiempos y, me atrevo a decir el
mejor en la historia del fútbol español, por qué una generación entera que creció
viéndolo jugar también se expresa en ese: “¡Gracias Raúl!”.
Gracias crack por tu entrega absoluta en la cancha de
juego, pero sobre todo, por tu humildad, porque tu talento no te obligaba a tenerla
(como no la tienen muchos jugadores en la actualidad), y sin embargo la tuviste
y la tienes, y eso es ser un hombre. Siempre serás un ejemplo, y si la historia se empeña en olvidarte,
yo me esforzare en recordarte a través del diálogo; cuando les cuente a todos
los que pueda, qué era ver jugar a Raúl.








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