Hablar de él es pensar inmediatamente en el “Credo” y no precisamente en el de la Iglesia católica.
Tanta ha sido su influencia que no solo se celebra cada año su nacimiento con homenajes culturales, sino que sus poemas han sido dramatizados sobre las tablas y en teatro de calle durante cualquier ocasión.
Un accidente de tránsito en la autopista Caracas-Valencia dejó sin vida a Aquiles, ese soñador, el 25 de abril de 1976, pero siempre quedará en el consciente colectivo su “Credo” con Pablo Picasso, Charles Chaplin, Isadora Duncan y, sobre todo, con los poderes creadores del pueblo en el que tanto creyó.
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Era
sanjuanero, sí, de la parroquia San Juan y siempre demostraba estar
orgulloso de eso, tanto que se decía que pasaba largos ratos en la plaza
Capuchinos en sus momentos de reflexión.
Desde
pequeño ya contaba con influencias comunistas, pero, además de esa
formación, también contaba con la valiosa cualidad de poseer una prosa y
un verso lleno de sencillez que atrapaba hasta al menos letrado.
AUTODIDACTA Y SOÑADOR
Nació
el 17 de mayo de 1920 y estudió en la Escuela Nacional Bolivariana 19
de Abril (antes Escuela Federal Zamora), ubicada muy cerca de donde
residía: en El Guarataro, barrio en el que se sentía orgulloso de vivir.
Se
dice que cuando era adolescente trabajó como carpintero, luego como
telefonista y después de botones en un hotel capitalino, para después
ser guía en el Museo de Bellas Artes.
Fue
un muchacho autodidacta. Cuando comenzó en el diario El Universal como
empaquetador y archivista se dieron cuenta de su habilidad para la
escritura, por lo que comenzó a ejercer el periodismo combativo. Luego
empezó a militar en el Partido Comunista de Venezuela (PCV).
Sus
dotes periodísticas las siguió desarrollando en Últimas Noticias, El
Nacional, las revistas Élite y Fantoches, y también en el semanario
satírico El Morrocoy Azul, por nombrar algunas publicaciones. Por algo
sus letras fueron recompensadas: obtuvo el Premio Nacional de Periodismo
en la especialidad de escritores humorísticos y costumbristas en 1948, y
19 años después recibió el Premio Municipal de Literatura del Distrito
Federal. Sin embargo, su postura crítica lo llevó al exilio durante los
gobiernos de Eleazar López Contreras, Marcos Pérez Jiménez y Rómulo
Betancourt.
Se
le recuerda por los poemas “Retablillo de Navidad”, “Balada de Hans y
Jenny” y “Amor, cuando yo muera”, entre tantos que atrapaban al lector,
además de su libro Humor y Amor y el cuento infantil “La historia de un
caballo que era bien bonito”.
Así
era Aquiles Nazoa, caraqueño de pura cepa, quien demostró su arte de
buen escritor en el plano de la poesía, del humor y del periodismo,
además de su compromiso con las costumbres y el rescate de la cultura
popular.
Tanta ha sido su influencia que no solo se celebra cada año su nacimiento con homenajes culturales, sino que sus poemas han sido dramatizados sobre las tablas y en teatro de calle durante cualquier ocasión.
No
en vano existe una biblioteca pública con su nombre en la UD 7 de Ruiz
Pineda; una plaza Aquiles Nazoa al lado del Bloque II de La Vega; una
cátedra en la UCV y un Premio Municipal en las áreas de música, danza y
promoción y difusión cultural; así como un cine comunitario inaugurado
recientemente en el centro de la ciudad.
Un accidente de tránsito en la autopista Caracas-Valencia dejó sin vida a Aquiles, ese soñador, el 25 de abril de 1976, pero siempre quedará en el consciente colectivo su “Credo” con Pablo Picasso, Charles Chaplin, Isadora Duncan y, sobre todo, con los poderes creadores del pueblo en el que tanto creyó.











