Leí la historia de un grupo de jóvenes de los que sí inspira hablar y recordar. “Todos los domingos temprano por la mañana, se veían
pequeños grupos de jóvenes en las estaciones de tren, cada uno con su
indumentaria particular, a menudo con una pequeña bandera elegida por ellos
mismos reuniéndose para salir al campo” escribió Max Fürts sobre “Los Camaradas”,
un grupo de jóvenes judeoalemanes que se creo frente a la adversidad que enfrentaban
estos en los tiempos de Adolf Hitler.
¿Algo cómo los “manitas blancas” en Venezuela? No.
Camaradas no arrancaban marcapasos a ancianos indefensos. Al contrario, sus
reuniones realmente eran dignas de admirar. Exponían lecturas literarias y las debatían; esas eran “sus fiestas”. Ojala los jóvenes de mi país organizaran fiestas así,
para hacerle un homenaje al maestro Piero cuando dice: “Porque el pueblo cuando sabe, no lo engaña un brigadier”.
Y no estoy en contra de que se hagan sentir, porque
como diría Benjamin Carter Hett en su libro “El hombre que humilló a Hitler” con
referencia a Los Camaradas: “Uno nunca es más producto de su época que cuando
se revela contra ella”; pero si no quieren que políticos opositores, chavistas
o cualquier persona que pueda razonar en el mundo los llamen periqueros, no se
comporten tal cual. Agarren un libro, léanlo, debátanlo entre ustedes, y
después hablen de qué es hacer patria. Esa es la idea, para que valga la pena recordarlos.







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