“Pérez terminó de cocinar la rabia histórica”, culmina. La Beba Rojas por su parte representaba a las mujeres que perdieron a su pareja ese día en manos de la policía Metropolitana. “Antes no pensaba en política, mucho menos antes de 27”. Y así como esos, muchos testimonios y declaraciones con respecto a ese día; al día donde la gente humilde (La mal hablada) se alzó.
Todo empezó en el terminal de Guarenas a las seis de la
mañana cuando la gente que iba a trabajar se encontró con un aumento exagerado,
el pasaje que debía costar 10 y 12 Bolívares, estaba en 16 y 18 Bolívares.
Aumento que los terminaba de ahorcar económicamente; la plata no alcanzaba y la
autoridad brillaba por su ausencia.
Destrozaron ventanas de autobuses y cerraron calles para
empezar. “Hablaron con la arrechera”, expresa Alejo, protagonista de la película. Por otra parte poco a poco comenzaban los saqueos, primero en
tiendas y luego en centros comerciales. Los policías tenían meses sin cobrar.
“Una arrechera que se contagiaba”, se decían los caraqueños entre ellos.
Mientras tanto las máximas autoridades creían que: “sería sano que la televisión
dejara de transmitir lo que pasa”.
Gregorio San Inés, encarnado en Yanis Chimaras, hacia
homenaje a ese hombre humilde, que lee y está claro en sus ideales. Un
intelectual de los pobres, de esos, que todavía por suerte, existen. Un grupo
de “compadres” lo esperaban a las afueras de su casa. Lo necesitaban porque: “La
arrechera ciega no sirve; hay que dirigirla”.
La guardia nacional a la calle, el mensaje era claro,
“abalear al pueblo”, “denle duro a ese gente” y “disparen primero y averigüen
después”. Pero los venezolanos también tenían su mensaje para contraatacar:
“¡El pueblo unido, jamás será vencido!”, como decía Alí.
Los saqueos continuaban y no faltaban los oportunistas, pensando en saquear la mercancía para posteriormente venderla más cara. “Los
miserables hacemos historia. Ahora nos toca a nosotros, que fuimos robados por
500 años”.
La gente de la alta sociedad por su parte exigía orden y
estaban armados, dispuesto a dispararle a los “marginales”. “No le tema a la
chusma vecina”, se decían entre sí para calmar la angustia.
Los medios de comunicación no decían la verdad. “Tenemos que lamentar más de treinta centenas. Producto de los saqueos”. En realidad eran miles. Había “toque de queda” y no faltaba el que preguntaba: “¿Y qué es un toque de queda?”.
La guardia nacional atacó como si se tratara de un
ejército invasor y no era así; era el mismo pueblo venezolano.
“La peste” se llamaba el lugar que crearon para enterrar a los caídos. Los forenses habían dejado de contar muertos.
“La peste” se llamaba el lugar que crearon para enterrar a los caídos. Los forenses habían dejado de contar muertos.
Todavía hay gente que exige justicia. Gente, que vio
salir a sus familiares pero no los vio regresar aquel glorioso día de rebelión.








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