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Aquiles Nazoa; Fuente: Ciudad Caracas

Hablar de él es pensar inmediatamente en el “Credo” y no precisamente en el de la Iglesia católica.

Era sanjuanero, sí, de la parroquia San Juan y siempre demostraba estar orgulloso de eso, tanto que se decía que pasaba largos ratos en la plaza Capuchinos en sus momentos de reflexión.

Desde pequeño ya contaba con influencias comunistas, pero, además de esa formación, también contaba con la valiosa cualidad de poseer una prosa y un verso lleno de sencillez que atrapaba hasta al menos letrado.

AUTODIDACTA Y SOÑADOR

Nació el 17 de mayo de 1920 y estudió en la Escuela Nacional Bolivariana 19 de Abril (antes Escuela Federal Zamora), ubicada muy cerca de donde residía: en El Guarataro, barrio en el que se sentía orgulloso de vivir.

Se dice que cuando era adolescente trabajó como carpintero, luego como telefonista y después de botones en un hotel capitalino, para después ser guía en el Museo de Bellas Artes.

Fue un muchacho autodidacta. Cuando comenzó en el diario El Universal como empaquetador y archivista se dieron cuenta de su habilidad para la escritura, por lo que comenzó a ejercer el periodismo combativo. Luego empezó a militar en el Partido Comunista de Venezuela (PCV).

Sus dotes periodísticas las siguió desarrollando en Últimas Noticias, El Nacional, las revistas Élite y Fantoches, y también en el semanario satírico El Morrocoy Azul, por nombrar algunas publicaciones. Por algo sus letras fueron recompensadas: obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en la especialidad de escritores humorísticos y costumbristas en 1948, y 19 años después recibió el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal. Sin embargo, su postura crítica lo llevó al exilio durante los gobiernos de Eleazar López Contreras, Marcos Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt.

Se le recuerda por los poemas “Retablillo de Navidad”, “Balada de Hans y Jenny” y “Amor, cuando yo muera”, entre tantos que atrapaban al lector, además de su libro Humor y Amor y el cuento infantil “La historia de un caballo que era bien bonito”.

Así era Aquiles Nazoa, caraqueño de pura cepa, quien demostró su arte de buen escritor en el plano de la poesía, del humor y del periodismo, además de su compromiso con las costumbres y el rescate de la cultura popular.

Tanta ha sido su influencia que no solo se celebra cada año su nacimiento con homenajes culturales, sino que sus poemas han sido dramatizados sobre las tablas y en teatro de calle durante cualquier ocasión.

No en vano existe una biblioteca pública con su nombre en la UD 7 de Ruiz Pineda; una plaza Aquiles Nazoa al lado del Bloque II de La Vega; una cátedra en la UCV y un Premio Municipal en las áreas de música, danza y promoción y difusión cultural; así como un cine comunitario inaugurado recientemente en el centro de la ciudad.

Un accidente de tránsito en la autopista Caracas-Valencia dejó sin vida a Aquiles, ese soñador, el 25 de abril de 1976, pero siempre quedará en el consciente colectivo su “Credo” con Pablo Picasso, Charles Chaplin, Isadora Duncan y, sobre todo, con los poderes creadores del pueblo en el que tanto creyó.



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